ALERGIA A ALIMENTOS Las alergias alimentarias son el resultado de una respuesta inmune anormal ante la ingestión, contacto o inhalación de determinados alimentos tolerados por la gran mayoría de las personas. La alergia a alimentos afecta al 6 % de los niños y cerca del 2 % de la población general. Según datos del estudio epidemiológico “Alergológica 2005”, el 5,4 % de los pacientes que acuden a las consultas de Alergia en Castilla-La Mancha lo hacen por alergia a alimentos. Si bien no es una cifra alta, la severidad de las reacciones, en muchos casos de riesgo vital, requieren una atención prioritaria no sólo en los métodos diagnósticos, sino en la búsqueda de soluciones terapeúticas. Aunque cualquier alimento puede inducir una reacción, de forma relativa pocos alimentos son responsables de la mayoría de las reacciones alérgicas: leche, huevos, pescado, frutos secos, pescado y marisco. Alimentos más frecuentemente implicados Sin embargo, la alergia alimentaria más frecuente en Ciudad Real son las frutas, que además presentan unos perfiles muy específicos, según la vegetación y características climáticas de cada territorio. Esto se debe a que los alergenos de las frutas se asocian de forma muy estrecha con la alergia a pólenes, pues ambos son sustancias vegetales y comparten alergenos: proteínas que se encuentran en pólenes y frutas. Por esta razón, la alergia a pólenes de cada zona se va a corresponder con una determinada alergia a frutas. En alergia a frutas la reacción está habitualmente mediada por dos tipos de alergenos (presentes también en los pólenes): profilinas o LTP (proteínas transportadoras de lípidos). Pues bien, según la alergia se produzca por uno u otro alergeno, la respuesta va ser diferente. Además, esta respuesta es también distinta según las zonas: profilinas en el centro y norte de Europa, LTP en los países meridionales, entre ellos España. De esta forma, la alergia a profilinas, muy relacionadas con frutas de la familia de las rosáceas (manzana, pera, melocotón), es muy frecuente en los países nórdicos y centroeuropeos (por su reactividad cruzada con el polen de abedul). Las profilinas no resisten la cocción a altas temperaturas o el Ph del estómago, lo que hace que cuando el alergeno llega al estómago pierde su estructura y el sistema inmunológico no lo reconoce. Por este motivo, los síntomas que provocan son leves, sólo picor en labios y cavidad oral (síndrome de alergia oral), con remisión espontánea a los pocos minutos en la mayoría de los casos. Es la reacción que provocan también otras frutas de temporada (melón, sandía) en los alérgicos a pólenes.
Síntomas La presentación más frecuente de la alergia a alimentos es en forma de urticaria. Consiste en presentar, a los 30-60 minutos la tomada del alimento, una reacción adversa en forma de lesiones habonosas, generalizadas, con mucho picor, asociadas a angioedema o hinchazón de párpados y labios. En algunas ocasiones la reacción puede ser más grave, en forma de anafilaxia, afectando a varios órganos, con sensación de ocupación faríngea y dificultad respiratoria, broncoespasmo, mareos, visión borrosa e hipotensión. Son reacciones de riesgo vital, que pueden tener un desenlace fatal, si no se administra con urgencia el tratamiento adecuado (ver presentación inferior).
El ejercicio físico, la ingesta de alcochol o la toma de fármacos (antiinflamatorios) aumentan la permeabilidad intestinal y favorecen la respuesta alérgica. Por ejemplo, algunos alimentos no producen alergia si se toman y se sigue en reposo, sino cuando después de la ingesta se realiza un esfuerzo físico. Estas reacciones, a veces muy graves, son especialmente frecuentes entre los jóvenes. Cuando se presentan estos episodios, conocidos como “anafilaxia inducida por ejercicio”, debe esperarse hasta cuatro horas después de la toma de alimentos para la práctica de actividades deportivas (jugar al fútbol, baloncesto, atletismo, natación, etc.). Métodos Diagnósticos La historia clínica, con una anamnesis exhaustiva, permite identificar los alimentos sospechosos de la reacción alérgica. Los test cutáneos son de gran utilidad para determinar las sustancias a las que la persona está sensibilizada. En el caso de alergia a alimentos los alimentos naturales, tal cuál los toma el paciente (leche, clara de huevo, pescado o marisco crudo/cocido, frutas) ofrecen una mayor rentabilidad diagnóstica. La analítica de sangre, determinando la IgE específica es también importante, pues no sólo detecta sino que cuantifica el grado de sensibilidad frente a los alimentos, sus componentes y panalergenos (alergenos comunes entre grupos de alimentos, pólenes y otras especies). Cuándo se tienen dudas sobre el agente etiológico, la prueba de tolerancia oral es determinante. Consiste en la toma de cantidades crecientes del alimento sospechoso, bajo estrecha observación clínica, comprobando si existe o no tolerancia al alimento implicado. Es la prueba definitiva, pues en muchos casos, especialmente en niños, nos encontramos con test cutáneos positivos e igualmente analítica específica (IgE) positiva frente al alimento sospechoso (leche, huevo) y cuando realizamos el test de tolerancia, resulta negativo (tolera el alimento). Es decir, tests cutáneos y analítica positiva no siempre indican alergia frente al alimento estudiado. En muchos casos es imprescindible realizar la prueba de tolerancia para confirmar o descartar el diagnóstico. Tratamiento En alergia la primera medida es la evitación del alergeno, y en el caso de los alimentos parece muy claro. Sin embargo, no siempre es tan sencillo, pues nos podemos encontrar con la presencia de alimentos ocultos: trazas de frutos secos, soja, altramuz, lisozima de huevo, proteínas lácteas como aditivos; reactividad cruzada: avellana y abedul en Europa; látex con castaña, kiwi, plátano, aguacate; polen de Artemisia, especies y apio; síndrome ave-huevo: asma por plumas asociada a alergia alimentaria a huevo y carne de aves. Además, puede producirse un déficit en el etiquetado o una contaminación durante el procesamiento. Está demostrado que el 50 % de los individuos tiene una exposición accidental cada 4-5 años. Si bien no disponemos de datos en nuestro país, en Estados Unidos se producen 30.000 anafilaxias anuales, con 150 casos de evolución fatal. Por este motivo, en el caso de alergia alimentaria con antecedentes de reacciones generalizadas, los pacientes deben llevar siempre consigo una ampolla de adrenalina autoinyectable (Altellus). De forma sencilla permite administrar el tratamiento específico de la anafilaxia, mientras se traslada a un Centro Sanitario para el control de la reacción adversa. No obstante, en los últimos años, y con el objetivo de alcanzar un mejor control de la alergia alimentaria, se están llevando a cabo tratamiento más arriesgados, pero más eficaces. Son tratamientos orientados a alimentos básicos y muy extendidos, con alto riesgo de ser ingeridos como alimentos ocultos. Es el caso de la leche de vaca y huevo. La desensibilización a leche de vaca es una alternativa a la dieta de exclusión en pacientes que no alcanzan la tolerancia de forma natural. El protocolo de desensibilización consiste en seleccionar pacientes de más de 5 años de edad, alérgicos a leche de vaca, con antecedentes de reacción sistémicas (anafilaxia, urticaria/angioedema), a los que durante varias semanas se les van administrado dosis crecientes de leche de vaca hasta alcanzar una cantidad de seguridad. A partir de alcanzar esta dosis, deben continuar tomando diariamente la misma cantidad, para no interrumpir la tolerancia. En el caso del huevo, de más reciente introducción en la práctica clínica, el protocolo sería similar, y la protección igualmente completa frente a la toma de pequeñas cantidades de este alimento, incluido en la composición de múltiples productos (en algunos de forma “oculta”, no detallado en la etiqueta). |
Dr. Francisco Feo Brito |
Alergia en Ciudad Real |
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